Sarrià

Aunque todo apunta a la existencia de una villa de época romana, la primera constancia documental que se tiene del topónimo de Sarrià data del año 968. Poco después, en el año 980, en los documentos ya aparece mencionada Sant Vicenç de Sarrià, la iglesia alrededor de la cual nacería el pueblo. Así, a lo largo del siglo xi, en las inmediaciones de este pequeño templo se desarrolló el sagrado, territorio protegido que invitaría al crecimiento de un núcleo urbano. Y en el siglo xii los obispos barceloneses cedieron la parroquia como feudo tributable a una familia que pasó a apedillarse Sarrià. Nació así la saga de los Sarrià, un linaje que, además del importante protagonismo que tuvo dentro de la élite barcelonesa, luchó por obtener mayores cuotas de poder en los límites de su propio feudo.

A lo largo del siglo xiii el núcleo creció lo suficiente como para que en el año 1267 Jaime I el Conquistador le otorgara una serie de privilegios —como el derecho a baile propio— que conducirían hacia la adquisición de la municipalidad. El siguiente paso se dio en 1334, cuando la parroquia pasó a depender del Monestir de Pedralbes y éste se volcó en el desarrollo del dominio sarrianenc mucho más de lo que hasta entonces había hecho el obispado de Barcelona. Todo ello propició la constitución de un primer consejo municipal hacia 1379 y el reconocimiento oficial de la universidad por parte del rey Juan I en 1392. Desde esta fecha hasta bien entrado el siglo xix, Sarrià se desarrolló como pequeño municipio rural formado por el núcleo urbano que rodeaba a la iglesia de Sant Vicenç, el monasterio de Pedralbes y numerosas tierras de cultivo gestionadas por masos.

La aristocracia tenía la costumbre de acudir a Sarrià cuando las epidemias acechaban a la capital catalana. Una práctica que aumentó considerablemente a mediados del siglo xix, cuando la burguesía barcelonesa —atraída por la riqueza de la tierra, la tranquilidad social y el ambiente saludable de Sarrià—  empezó a construir dentro del término de la vieja villa fincas de descanso y, posteriormente, residencias para permanecer todo el año. A este fenómeno se sumaron también las órdenes religiosas y, en un período muy corto de tiempo, el paisaje de Sarrià se pobló de fabulosas fincas señoriales y de las majestuosas sedes colegiales de los salesianos (1886), los jesuitas (1892) y los escolapios (1894). Se había iniciado el profundo proceso de transformación que determinaría el carácter posterior del municipio.

El repentino crecimiento propició el desarrollo de una importante población artesana y menestral –albañiles, carpinteros, herreros-, que vivía en las inmediaciones de la calle Major de Sarrià y trabajaba para las fincas de la burguesía. El desarrollo industrial, en cambio, no tuvo cabida en este privilegiado entorno, por lo que la población obrera no llegaría a formar parte de la historia del municipio. En este marco económico y social, el término de Sarrià se extendía por el núcleo urbano originario y los territorios de Les Corts (hasta 1836), Pedralbes, Tres Torres y Vallvidrera (desde 1890). Las comunicaciones con Barcelona, además, mejoraban —en 1868 se inauguró el primer tren de Sarrià— y con ello creció todavía más la construcción de torres señoriales.

Pero la aproximación a la capital catalana no fue sólo una cuestión de comunicaciones: tras varios intentos exitosamente abortados por la población sarrianenca, en 1921, mediante una rápida y cuestionable tramitación, el municipio de Sarrià fue agregado a Barcelona, pasando a ser un distrito más de la capital catalana. El núcleo urbano primigenio, sin embargo, logró conservarse prácticamente intacto hasta la década de 1970, cuando las torres y mansiones de los alrededores del casco antiguo de la vieja villa serían sustituidas por bloques de pisos de alto standing. Uno de los ejemplos más paradigmáticos de esta segunda gran transformación fue la edificación en los terrenos de la antigua finca Miralles —ideada en 1902 por Antoni Gaudí y luego sustituida por las cocheras de Sarrià— del conjunto de viviendas de Les Cotxeres de Sarrià (Dirección Passeig de Manuel Girona 75), obra proyectada por José Antonio Coderch entre 1968 y 1973.