Putxet

El Putxet es uno de los tres barrios en los que se dividió en 1879 el antiguo municipio de Sant Gervasi de Cassoles. Hasta mediados del siglo xix era una zona eminentemente rural pero, como ocurrió en los otros dos barrios del viejo pueblo —La Bonanova y Can Lledó— y en otras poblaciones de las inmediaciones de Collserola, durante la segunda mitad del siglo xix, la burguesía barcelonesa promovió en la zona del Putxet la edificación de viviendas como segundas residencias. Ferran Puig, empresario industrial que fundó entre otras la fábrica de hiladuras Fabra i Coats, fue uno de los promotores pioneros del Putxet. Aprovechando las facilidades brindadas por las desamortizaciones de bienes eclesiásticos de las décadas de 1830 y 1840, compró un caserón situado en la cima del monte que había pertenecido a los carmelitas y que reconvirtió en pabellón de caza. Posteriormente, se sumarían algunos barceloneses que huían de las epidemias de la ciudad vieja y algunos indianos que, tras hacer fortuna en América, buscaban un lugar donde asentarse. Con la mejora de las comunicaciones gracias a la llegada del tren de Sarrià en 1863 y del metro en 1924, el Putxet se convirtió paulatinamente en un barrio de residencia habitual.

Durante la Guerra Civil numerosas torres quedaron abandonadas. Así, en los años de la contienda, una de las grandes fincas de la colina —la casa y los jardines de la familia Bertran i Musitu que databa de 1863— fue reconvertida en hospital militar por el POUM y, durante unos días, se alojó en ella el escritor británico George Orwell.

Finalizada la guerra, el régimen franquista —especialmente durante la alcaldía de Porcioles— fue muy permisivo con la destrucción del patrimonio de torres y del idílico paisaje que se había ido configurando en la colina durante el siglo xix. Así, en las cotas más bajas del monte, las viviendas unifamiliares fueron sustituyéndose por bloques de pisos y el trazado de la Ronda del General Mitre (Ronda del Mig) amputó la ladera inferior del Putxet separándola para siempre de la zona del Farró. Hoy las reminiscencias del viejo Putxet sobreviven rodeadas de este cinturón de bloques de pisos que lo aislan del bullicio de la gran ciudad.