Sants nace como un pequeño suburbio surgido en torno a la iglesia de Santa Maria dels Sants, cuyas primeras noticias datan de finales del siglo x. Durante varios siglos, la parroquia fue sufragánea del templo barcelonés de Santa Maria del Pi y la pequeña villa vivía del cultivo de trigo, olivos y vides. La antigua carretera romana del Llobregat, que fue conocida como la Via Morisca, el Camí d'Espanya o la Carretera Reial, pasaba por el pequeño núcleo rural. Desde la época medieval, por otra parte, en aquel punto de la carretera donde los caminos de Martorell, Sant Boi y el delta del Llobregat confluían con el camino hacia Barcelona, se levantaba una cruz de término que ejercía de límite a donde acudían los consejeros de la capital catalana para recibir a las personalidades que visitaban la ciudad. Cubierta por un templete, la cruz pasó a conocerse popularmente como la Creu Coberta (cruz cubierta).

Con el Decret de Nova Planta, impuesto en 1716 por Felipe V tras ganar la Guerra de Sucesión, Sants consiguió la independencia administrativa respecto a Barcelona. Y fue durante el primer siglo de autonomía municipal, cuando vio surgir sus primeras industrias. Así, en 1786 contaba con numerosos prados annexos a fábricas de indianas donde se hervían, blanqueaban y secaban los tejidos de algodón antes de pintarlos. En este mismo período, concretamente hacia la década de 1760, la monarquía de Carlos III puso en marcha el ambicioso proyecto de construir una carretera que condujera de Barcelona a Madrid. En Sants, la obra implicó una leve modificación del trazado de la antigua vía romana y, tras la renovación, la carretera pasó a ser un referente geográfico clave y un importante y emergente núcleo urbano.

Pero la historia reciente y el carácter de los barrios que integran Sants debe asociarse al crecimiento industrial del siglo xix y, concretamente, a tres fábricas textiles: el Vapor Vell, La Espanya Industrial y Can Batlló. Así, a partir de la década de 1840, Sants se desarrolló vertiginosamente gracias a la instalación de las grandes fábricas de vapor, la construcción de la vía ferroviaria y el asentamiento de los comerciantes que huían de los impuestos de Barcelona. En 1842, en pleno corazón de Sants, se construyó la fábrica textil del Vapor Vell (Vapor Viejo), perteneciente al conocido industrial Joan Güell. En 1849, en la zona de Hostafrancs, se emplazó la fábrica de la Espanya Industrial, popularmente conocida como Vapor Nou (Vapor Nuevo). Y, finalmente, en 1880, se instalaría en la zona de la Bordeta, la fábrica de Can Batlló, el tercer gran vapor que abría nueva fábrica en Sants.

En este período, el extenso municipio se desplegaba desde Badal hasta la montaña de Montjuïc y estaba formado por cuatro barrios claramente diferenciados: iglesia o Sants; Bordeta; Carretera y Travessia de les Corts; y, finalmente, la Marina de Sants, que hoy se identifica con la Zona Franca.

El desarrollo industrial provocó que Sants pasara de los 1.700 habitantes de principios de la década de 1840 a los casi 20.000 de finales de la década de 1880. En medio siglo, el antiguo pueblo rural pasó a ser uno de los núcleos industriales más importantes de España y, en consecuencia, uno de los puntos calientes del movimiento y asociacionismo obrero en la Europa industrial.

Como otros municipos de la llanura, en 1897 Sants es agregado a Barcelona y la que había sido una de las grandes capitales industriales de España pasa a ser un barrio más de la ciudad condal. Empieza entonces un nuevo período caracterizado, entre otros aspectos, por el paulatino desmantelamiento de los históricos centros fabriles. A pesar de ello y de todas las transformaciones posteriores, la fisonomía original de Sants en gran medida se mantuvo y hoy el conjunto conserva a través de su urbanismo y de su gente el aire obrero y popular que marcó los años clave de su desarrollo.