Poble-sec

Poble-sec es fruto de la unión de la França Xica, Santa Madrona y las Hortes de San Bertran, tres barrios obreros que nacen durante la segunda mitad del siglo xix sobre una de las faldas de Montjuïc como extensión de la ciudad vieja y como alternativa al ensanche de Cerdà.

Antes del desarrollo de las tres barriadas, Poble-sec era un territorio de huertas, pequeños centros fabriles y zonas de recreo. El conjunto se conocía como Hortes de Sant Bertran y, como su propio nombre indica, se trataba de un sector históricamente horticultor gracias a las benévolas condiciones hidrológicas del terreno. Precisamente la abundancia de agua en la zona favoreció que, a partir de la segunda mitad del siglo xvii, proliferaran los prados de indianas y las construcciones annexas, como los lavaderos de algodón y los aljibes. Gracias a las espléndidas vistas sobre Barcelona y el mar y gracias también a la abundancia de fuentes, el sector se convirtió asimismo en un popular espacio de ocio para la sociedad barcelonesa.

Pero cuando, a mitad del siglo XIX, la densificación de la ciudad vieja fue apremiante, las Hortes de Sant Bertran fue uno de los primeros puntos de mira para ensanchar la ciudad. Desde ese momento, se fueron sucediendo diversos programas de Eixample y, ajena a las discusiones, la iniciativa privada se dio prisa en materializar en este sector los primeros planes de urbanización. Nació así el Eixample de Santa Madrona, una pequeña ocupación intensiva que se articularía en torno a la calle de Blasco de Garay y que se convertiría en el centro del futuro Poble-sec. Poco después, en la parte alta, una nueva iniciativa llevó a la urbanización del arrabal de la França. Y en 1883, en la parte baja de las Hortes de Sant Bertran, se instaló la primera sede de la Sociedad Española de Electricidad, la central térmica que, con remodelaciones, funcionaría hasta 1987. No fue la única actividad industrial que se asentó en la zona y, junto al uso residencial, Poble-sec acogió durante largo tiempo pequeñas actividades productivas.

En 1894 se abrió la Avinguda del Paral·lel, una ancha vía programada por Cerdà que marcó los límites entre los tres nuevos arrabales y la Ciutat Vella. La urbanización de la avenida favoreció, por una parte, la cohesión del futuro barrio y, por otra, la proliferación de nuevos negocios y comercios entre los que, durante décadas, destacó la industria del espectáculo.