Poble-sec

Encajonado entre la montaña de Montjuïc y la Avinguda del Paral·lel, el Poble-sec es un barrio inclinado que, a través de acusadas pendientes y calles angostas, desciende por aquella falda de Montjuïc que contempla la llanura de Barcelona. En su interior, se esconde un tupido barrio popular que se airea gracias a dos placitas —la de Santa Madrona y la del Surtidor— y a la agradable calle Blai, discreto eje comercial de barrio.

En sus márgenes, en cambio, se despliegan el verde de Montjuïc y el asfalto de la amplísima Avinguda del Paral·lel. Ésta última avenida, que a principios del siglo xx se pobló de teatros, cabarets y music-halls conformando una pintoresca y genuina versión barcelonesa del Pigalle parisino, hoy funciona más bien como vía rápida rendida al tráfico rodado. 

  El centro del barrio: Santa Madrona

Aunque el interior del Poble-sec tiene una fisonomía bastante homogénea, pueden distinguirse tres sectores: el centro, que gira en torno a las calles Blai y Blesa y a la Plaça del Surtidor; la parte alta, donde destaca sobre todo la Ciutat del Teatre; y, finalmente, la parte baja, conocida especialmente por las tres chimeneas de la sede de la compañía eléctrica Fecsa-Endesa.

El centro de Poble-sec está delimitado por las calles de Radas y Nou de la Rambla. Este sector es conocido también como la zona de Santa Madrona ya que en él se asienta la Parròquia de Santa Madrona (Dirección Tapioles 10), el templo más antiguo del barrio (1888) que dio nombre a uno de los tres núcleos originarios del Poble-sec.

En esta área es donde se encuentra el eje dibujado por las calles Blai y Blesa, que funciona como calle mayor del conjunto barrio. Se trata de una pequeña vía peatonal donde se concentran modestos comercios que reflejan el carácter popular y multicultural de Poble-sec: colmados históricos, establecimientos magrebís, locutorios, bodegas, mercerías, etc. La biblioteca pública del barrio —Biblioteca Poble-sec-Francesc Boix (Dirección Blai 34)— ofrece un agradable espacio de ocio y lectura desde su óptimo emplazamiento también en la calle principal.

La placita mayor del barrio es el otro foco de atracción del centro de Poble-sec. Situada cerca del Passeig de l'Exposició y de la montaña, la Plaça del Sortidor es un agradable espacio semipeatonal, de pequeñas dimensiones, inspirado en las squares inglesas. Además de bares con terraza, acoge el centro cívico del barrio, esto es, el Centre Cívic el Sortidor (Dirección Plaça del Sortidor 12).

En las vías circundantes a la calle y la plaza centrales —como Margarit, Poeta Cabañes o Blasco de Garay—, se reparten de forma más dispersa comercios, bares y restaurantes cuya fama, en algunos casos, ha sobrepasado los límites del barrio. Es el caso de la mítica bodega Quimet & Quimet (Dirección Poeta Cabanyes 25) o La Tomaquera (Dirección Margarit 58), un restaurante clásico especializado en cocina catalana. Este sector es también el que ha dado la fama a Poble-sec como zona de ocio nocturno: la célebre discoteca Apolo (Dirección Nou de la Rambla 113), con su sala apéndice La [2] (Dirección Nou de la Rambla 111), y el lounge club Mau Mau Underground (Dirección Fontrodona 33) son algunos de los establecimientos que han contribuido a ello.

Ya plenamente en la montaña, por encima del Passeig de l’Exposició, el centro de Poble-sec acoge la Satàlia, una modesta barriada que, ajena a la gran urbe, conserva un insólito aire rural. Así, en las calles Julià, Cariteo y el Passatge de Julià, es posible encontrar modestas casitas unifamiliares de finales del siglo xix, que cuentan con patio, huerto y privilegiadas vistas sobre la ciudad.

  La parte alta del barrio: la França Xica

Por encima del Carrer de Radas se despliega la parte alta de Poble-sec. Este sector es también conocido como la França o la França Xica y presenta una fisonomía muy parecida a la del centro del barrio: calles estrechas, tranquilas e inclinadas y ambiente obrero y popular. La Plaça de Santa Madrona ejerce de foco principal gracias a su quiosco, floristería y modestos comercios.

Pero la antigua França Xica es sobre todo conocida porque acoge la Ciutat del Teatre, esto es, un gran complejo de equipamientos destinados a la formación y representación teatrales que se activa vivamente en las horas de función y queda en el más absoluto abandono durante el resto del tiempo. Las instalaciones se reparten por los márgenes del barrio, ejerciendo de límite entre la trama urbana de Poble-sec y el territorio montañoso y solitario de Montjüic. Entre los centros que forman parte de la Ciutat del Teatre se encuentran el Mercat de les Flors (Dirección Lleida 59), el Teatre Lliure (Dirección Passeig de Santa Madrona 40-46), el Institut del Teatre (Dirección Plaça de Margarida Xirgu s/n), el Barcelona Teatre Musical (BTM, situado en el antiguo Palau Municipal d'Esports, Dirección Guàrdia Urbana 7) y, en las noches estivales, el Teatre Grec (Dirección Passeig de Santa Madrona 36).

  La parte baja del barrio: Hortes de Sant Bertran

La parte baja de Poble-sec es la zona que se extiende más allá del Carrer de Nou de la Rambla hasta llegar a la Plaça de les Drassanes y que corresponde a la antigua barriada de las Hortes de Sant Bertran. En este sector, Poble-sec va perdiendo paulatinamente vida y personalidad, aunque es precisamente aquí donde se encuentra la sede de Red Eléctrica de España (Dirección Avinguda del Paral·lel 55): la imagen de las tres chimeneas —las famosas Tres Xemeneies— de la antigua fábrica La Canadenca (1920), encajonadas entre las modernas oficinas de la empresa eléctrica, no sólo se ha convertido en un elemento identitario de Poble-sec sino también en un símbolo del conjunto de la ciudad.

Dejando de lado este icono, el Carrer de Vilà i Vilà es el eje principal de esta parte del barrio, aunque dispone de muy pocos comercios y está sobre todo concurrido por el tráfico rodado. La parte baja de Poble-sec es, finalmente, la más cercana al popular Mirador del Poble-sec, un belvedere ubicado en plena montaña que, a pesar de su peligrosidad cuando cae el sol, brinda espectaculares vistas sobre el puerto y la ciudad.

  La Avinguda del Paral·lel

La Avinguda del Paral·lel, una amplia avenida que conecta la Plaça d'Espanya con la Plaça de les Drassanes y el mar, se abrió oficialmente al tráfico en 1894. Aunque desde 1892 ya poseía alguna sala de espectáculos, fue entre 1900 y 1910 cuando se pobló de los teatros, music-halls, tabernas y cafés que le dieron fama hasta la década de 1970. Comparado a menudo con el Pigalle parisino, el Paral·lel fue calificado como una zona de ocio "de los obreros y para los obreros", donde los vodeviles y la zarzuela predominaron por encima de cualquier otro espectáculo. Aunque actualmente el esplendor de esta época ha desaparecido por completo, la avenida todavía conserva algunas salas de espectáculos en activo como el Teatre Apolo (Dirección Avinguda del Paral·lel 59-61), el Teatre Victòria (Dirección Avinguda del Paral·lel 65-67) y el Teatre Condal (Dirección Avinguda del Paral·lel 91). También se mantienen en pie tres salas míticas que, a pesar del compromiso del ayuntamiento para recuperarlas y renovarlas, llevan años cerradas y abandonadas. Son el Teatro Arnau (Dirección Avinguda del Paral·lel 60), el antiguo Teatro Español (posteriormente Studio 54, Dirección Avinguda del Paral·lel 62) y El Molino (Dirección Vilà i Vilà 99), que nació en 1898 como la Pajarera Catalana y posteriormente fue bautizado como Le Petit Moulin Rouge.

Pero al margen de su oferta de ocio, la Avinguda del Paral·lel es una calle con vida propia, amplia, gris y bulliciosa. La mayor parte de sus edificios son grandes bloques residenciales, algunos de los cuales cuentan con sorprendentes porches, muy contados en la ciudad. Los bajos están repletos de bares, restaurantes y pequeño comercio de barrio que amenizan las aceras de la avenida e intentan sobrevivir al incesante tráfico de los coches que la atraviesan. Como ocurre en los barrios colindantes del Poble-sec y el Raval, el Paral·lel es, en definitiva, una calle peleona y popular.


[+] Presentación del libro dedicado a una de las salas de espectáculos más importantes del Paral·lel: el café concierto El Molino. Lluís Permanyer, el cronista oficial de la ciudad, es el autor del libro