Montaña de Montjuïc

Montjuïc goza de una estratégica situación geográfica: con sus 192 m de altura, domina visualmente la llanura de Barcelona, la sierra prelitoral, el río LLobregat y el mar Mediterráneo. Esto explica que los primeros asentamientos sobre la montaña se remonten a los siglos vii y vi a.C. con los íberos.

Desde el siglo xi está documentada una torre o atalaya de vigía marítima —conocida como Torre del Farell— que en 1640 quedó integrada en la primera gran fortificación de la montaña: el fuerte provisional que Barcelona mandó construir en 30 días tras la sublevación de la ciudad contra el rey Felipe IV en el denominado lavantamiento del Corpus de Sangre que llevaría a la Guerra dels Segadors (1640-1652).

Durante los años posteriores a la contienda y a lo largo de la Guerra de Sucesión (1702-1714), el fuerte cambió de manos sucesivamente hasta que, con la victoria de Felipe V y la Casa de Borbón, dejó de ser una construcción de defensa de la ciudad para pasar a ser un lugar estratégico del ejército borbón para vigilar Barcelona. En este contexto, el ingeniero militar Juan Martín Cermeño proyectó en 1751 el actual Castell de Montjuïc. A partir de este fecha y durante siglos, Montjuïc y su castillo se convirtieron para los habitantes de la ciudad en sinónimo de represión, bombardeos y torturas. En 1940 el presidente de la Generalitat de Catalunya, Lluís Companys, fue fusilado en él por el régimen franquista.

Entrado el siglo xx, Montjuïc era una zona poco frecuentada, un territorio parcialmente agrícola, con localizadas zonas de recreo y canteras de piedra explotadas hasta el agotamiento, en cuyos márgenes se habían ido instalando algunos prados de indianas e industrias, y que se identificaba, sobre todo, con la tétrica fama de su castillo. En este marco, se inició el primer gran proyecto de urbanización de la montaña con motivo de la celebración de la Exposición Internacional de Barcelona de 1929. El estadio municipal de deportes, la piscina municipal, los pabellones expositivos —entre ellos el Palau Nacional y el Pabellón Alemán de Mies van der Rohe—, el Poble Espanyol y la Font Màgica fueron algunos de los equipamientos que transformaron radicalmente el paisaje de la montaña.

Pero la oferta de trabajo nacida de las obras de la exposición atrajo a la ciudad una ola inmigratoria sin precedentes. Montjuïc vio surgir entonces el fenómeno del barraquismo que se prolongaría hasta bien entrada la década 1980. De esta forma, proliferaron los poblamientos de chabolas (Jesús i Maria, Can Valero, Banderes, Tres Pins, Sobre la Fossa, Estadi Municipal) y, posteriormente, los barrios de casas baratas y los polígonos de viviendas de la Zona Franca.

Durante los últimos años del franquismo y en los años de la transición, se inauguraron algunos equipamientos que marcarían los futuros usos del monte: el Museu Militar (1960), el parque de atracciones (1966, hoy desaparecido) y la Fundació Miró (1975). Pero fue a partir de 1986 cuando, tras la elección de Barcelona como sede de los Juegos Olímpicos de 1992, Montjuïc viviría una nueva y radical transformación. La  segunda gran intervención urbanística sobre la montaña se materializaría en el gran complejo de la Anella Olímpica —Estadi Olímpic Lluís Companys, Palau Sant Jordi, Piscines Picornell, etc.— y en una reformulación de los usos de la montaña para convertirla en uno de los focos lúdicos y culturales más importantes de Barcelona.

[+] El Pabellón Alemán de la Exposición de 1929, más conocido como Pabellón Mies, fue el protagonista de esta acción artística del creador chino Ai Wei Wei (2009) 

[+] Montjuïc es un circuito de Fórmula 1 perfecto y como tal funcionó en la década de 1970. Si se minimiza el esfuerzo que supone desplazarse a pie por sus carreteras, la montaña depara gratas sorpresas en forma de equipamientos culturales y deportivos.