El Clot

El Clot fue uno de los barrios industriales del antiguo municipio de Sant Martí de Provençals que, antes de su agregación a Barcelona en 1897, estaba formado por la parroquia de Sant Martí (hoy la Verneda) y su sagrado (la Sagrera actual), los sectores industriales del Clot y el Poblenou, el barrio residencial de la Muntanya (los actuales Camp de l'Arpa y el Guinardó) y parte del Eixample (Sagrada Familia y Estació del Nord).

Hasta el siglo XIX, Sant Martí de Provençals era un territorio eminentemente rural y, de todos sus núcleos habitados, el del Clot era el más importante, incluso por encima de la propia parroquia de Sant Martí. La actual calle del Clot funcionaba como carretera de Barcelona a Sant Andreu y a lo largo de su recorrido hubo una gran concentración de poblamiento. En sus alrededores se desplegaba un paisaje de campos de cultivo sobre un clot (hondanada) que precisamente le había dado nombre.

Con la Revolución Industrial del siglo XIX, sin embargo, el Clot fue uno de los núcleos de Sant Martí que sucumbió a la industrialización y, al igual que ocurrió con Poblenou o la Sagrera, su territorio se pobló de fábricas. Las primeras en instalarse fueron las harineras y las textiles y luego vendrían las curtidurías, las ladrillerías y las industrias químicas. El núcleo pasó entonces a tener un perfil social obrero, de fortísima afiliación anarquista, anticlerical y catalanista.

Durante el siglo xx y muy especialmente después de la Guerra Civil, el Clot absorvió, como tantos otros barrios de Barcelona, la llegada de población inmigrante del sur de España. A pesar de ello, los gigantes bloques de viviendas que durante los años del franquismo se construyeron en gran parte del territorio de Sant Martí no hicieron acto de presencia en el Clot. Este barrio logró mantener sorprendentemente un skyline de escala humana, aunque la cuestionable política urbanística franquista sí se cebó en la trama urbana. Así, con las pautas del Plan Cerdà siempre latentes, durante la dictadura franquista, el Clot sufrió una brutal disección de su territorio a través de la urbanización de la Avinguda de la Meridiana (1967), la Gran Via de les Corts Catalanes (1969) y la calle Aragó (1973). Con ello, el viejo núcleo martinenco quedó físicamente desintegrado y hoy es difícil reconstruir una imagen cohesionada de uno de los barrios obreros con más tradición de la ciudad.