Camp de l'Arpa

El Camp de l’Arpa y el Guinardó constituían el barrio de la Muntanya (montaña) del viejo municipio de Sant Martí de Provençals. Hasta el siglo XIX, era una zona agrícola que, a medida que se acercaba a los montes del Carmel y de la Rovira, acrecentaba su orografía montañosa, y estaba poblada de masías dispersas, como el Mas Guinardó —que daría nombre a otro barrio— o Can Miralletes —que hoy subsiste milagrosamente en medio de la estructura urbana del Plan Cerdà—.

Este paisaje eminentemente rural inició una profunda transformación a mediados del siglo XIX. Ahora bien, mientras que en algunos núcleos de Sant Martí de Provençals —como el Clot, Poblenou y la Sagrera— los cambios se materializaron sobre todo en un acusado proceso de industrialización y en otros —como el Guinardó— en un proceso de urbanización residencial, el territorio del Camp de l'Arpa sufrió una proceso mixto de industrialización y urbanización residencial. Y este proceso se desarrolló en dos bloques bien diferenciados: por la izquierda fue avanzando el Eixample del Plan Cerdà, aprobado en 1859; y por la derecha, se desplegaron las pequeñas promociones urbanísticas típicas de iniciativas privadas del siglo XIX. Así, hacia la década de 1860, el territorio del Camp de l'Arpa empezó a adoptar su singular fisonomía actual, donde calles como Còrsega o Provença acabarían por topar con vías como el Carrer de la Muntanya o el Carrer Trinxant. Paralelamente y de la misma manera que ocurrió en otros barrios de Sant Martí, el Camp de l'Arpa fue adquiriendo un perfil social obrero, de signo anarquista y anticlerical. Del movimiento social de esta época todavía subsisten algunas entidades emblemáticas, como las ya mencionadas Formiga Martinenca y Foment Martinenc.

Tras el avance del Plan Cerdà —que siempre estuvo al acecho—, el Camp de l'Arpa mantuvo la fisonomía definida entre las décadas de 1860 y 1920. Pero en 1967, la Avinguda de la Meridiana fue urbanizada como vía rápida y, aunque la rehabilitación no afectó al interior de Camp de l'Arpa, sí que sesgó la histórica relación que había mantenido con el Clot. El pequeño barrio se reclutó entonces en su interior, un espacio dinamizado por los comercios de la calle Rogent y mucho más acogedor que el del incesante tráfico de la Meridiana. Y no fue hasta la década de 1990, con la nueva remodelación de la Meridiana, cuando Camp de l'Arpa empezó nuevamente a abrirse con discreción a la avenida.