Camp de l'Arpa

Overview

Mapa

Descripción

Historia

Aunque nació como prolongación del Clot, Camp de l'Arpa es hoy un barrio autónomo y con mucha personalidad. Está separado del Clot por el paso de la Avinguda de la Meridana, y del Guinardó por la calle de Sant Antoni Maria Claret. En la parte central, la calle Rogent —que nace en la Avinguda de la Meridiana y muere en la calle Freser— funciona como eje comercial y organizativo.

Sobre el Carrer de Freser se despliega la parte alta de Camp de l'Arpa, que cuenta con manzanas tipo Eixample y está mucho más vinculada a los vecinos barrios del Guinardó y de Sagrada Família. En este sector —más moderno y con menor encanto—, los polos de atracción del vecindario son el complejo sanitario del Hospital de Sant Pau y la animada rambla de la Avinguda de Gaudí.

  El centro del barrio

El centro de Camp de l'Arpa se articula en torno al Carrer de Rogent, su principal arteria comercial y social. Se trata de una agradable rambla peatonal, con pequeños bloques de viviendas en cuyos bajos se suceden zapaterías, bares, charcuterías, papelerías y todo tipo de comercios que animan el corazón del barrio. Su incesante actividad comercial se contagia en las vías perpendiculares, de forma que, al cruzarse con Rogent, las calles Mallorca y València congregan más comercios de lo habitual.

La calle Rogent conserva asimismo el emblemático edificio de la Escuela Municipal de Artes y Oficios (Dirección Rogent 51), una construcción modernista de ladrillo visto e incrustaciones de cerámica que fue proyectada en 1911 y que hoy acoge un instituto de secundaria. Muy cerca, en la esquina de Aragó con Rogent, se encuentra el bar La Coctelera (Dirección Aragó 609), legendario local que albergó el café popular La Parra, escenario de tertulias obreras como la del anarquista Buenaventura Durruti.

Pero además de acoger comercios y este modesto patrimonio histórico, Rogent es la barrera entre el despliegue del Plan Cerdà —que queda en el lado izquierdo— y la organización urbanística original del barrio del siglo XIX. Así, a la derecha de este eje comercial, entre la calle Freser y la Avinguda de la Meridiana, se extiende un pequeño, insólito y apacible entramado de calles de pueblo, con una solitaria placita central y pequeños bloques de viviendas e incluso casitas de planta y piso. Son la Plaça de Can Robacols y calles como Amargor, Besalú, Coll i Vehí, Muntanya, Pistó o Trinxant.

Y al otro lado de Rogent se impone el urbanismo del Plan Cerdà, con edificios y manzanas de mayor envergadura a medida que se avanza hacia el Eixample clásico. El Carrer de Xifré, sin embargo, conserva unas dimensiones mesuradas que permiten la transición de las callejuelas a las vías dibujadas por Cerdà. En ella se encuentran otras de las edificaciones más representativas del barrio, que datan de finales del siglo XIX y principios del XX, como la Casa Vermella (Dirección Xifré 87), un edificio modernista de 1899 cuyo nombre popular remite al color rojo de sus ladrillos; o la Casa Font (Dirección Xifré 85), proyectada en 1905 y con esgrafiados azules en su fachada.

A su llegada a Camp de l'Arpa, las calles nobles del Eixample tradicional —como Còrsega, Rosselló, Provença, Mallorca y Valencia— se contagian en muchos puntos del bullicio y el ambiente popular del corazón del barrio. De hecho, aquí se ubican asociaciones obreras legendarias del viejo municipio industrial de Sant Martí de Provençals. Una de ellas es la Formiga Martinenca (Dirección Mallorca 580), que fue fundada en 1903 como cooperativa de consumo individual y familiar. Su pequeña sede, de planta y piso, conserva viejos espacios como el teatro y el café y hoy programa una importante actividad recreativa y cultural. También el Foment Martinenc (Dirección Provença 591-593), fundado en 1887 con el objetivo de educar a los obreros y a sus hijos, se asienta en el lado izquierdo de Camp de l'Arpa. Aunque ubicado en un edificio reciente, todavía funciona como entidad dedicada al ocio de niños, jóvenes y adultos y cuenta con secciones de teatro, billar y ping-pong, entre otras.

En Camp de l'Arpa, finalmente, desemboca el Carrer dels Enamorats, una pequeña vía diagonal que muere en una agradable placita con bares y terrazas, alto en el camino y punto de encuentro para muchos de los vecinos que acuden a comprar a la calle Rogent.

  La parte alta

La calle Freser —antigua carretera de Sant Martí a Horta— trunca el Camp de l'Arpa con un importante desnivel que da paso a la parte alta del barrio. La propia calle se abre a la Plaça de Sant Josep de Calassanç —una plaza semidura con diferentes niveles y área de juegos infantiles— y todo el sector que se despliega por encima de Freser se caracteriza por el predominio de la trama urbana de Cerdà.

A diferencia de la calidez que desprende el corazón del Camp de l'Arpa, la parte alta del barrio está algo despersonalizada y desangelada. El fuerte desnivel que dibuja la calle Freser y el cambio de trama urbana han desvinculado este sector de la acogedora calle Rogent, y los vecinos que viven aquí parecen más atraídos por la actividad del Hospital de Sant Pau y la Avinguda de Gaudi que por los comercios de la pequeña rambla. Aquí nace, además, el Passeig de Maragall, una de las vías más importantes del este de la ciudad.

Los pequeños pasajes que airean las manzanas típicas del Eixample abundan en este sector. Son, entre otros, los pasajes de Catalunya, Roure, Còrsega, Lluïsa Vidal o Dos de Maig, algunos de los cuales conservan casitas de una sola planta que datan de la década de 1920 y que presentan bellos esgrafiados en sus fachadas.

Can Miralletes (Dirección Sant Antoni Maria Claret 312), uno de los edificios más emblemáticos de Camp de l'Arpa, se encuentra precisamente en la parte alta del barrio. Se trata de una masía de piedra vista emplazada en medio de un agradable jardín público que ocupa media manzana de Eixample. Los naranjos y pérgolas que rodean a la vieja casa atraen a numerosos jubilados y niños que acuden a diario a pasar el rato en el parque. Único vestigio del pasado rural de la zona, la masía se conserva en pie gracias a las reivindicaciones vecinales y hoy acoge un concurrido restaurante.