Sant Andreu

Antes de su agregación a Barcelona en 1897, Sant Andreu de Palomar era un pueblo autónomo que se extendía por todo el territorio que hoy ocupan los distritos de Sant Andreu y de Nou Barris, a excepción de parte del barrio de la Sagrera, que pertenecía al vecino municipio de Sant Martí de Provençals.

Todo apunta a que el núcleo originario nació como término parroquial vinculado a una iglesia dedicada a San Andrés. Existen documentos del siglo x que hacen referencia a ello, así como a la Casa de Sant Andreu y el lugar de Palomar. Pero no es hasta el siglo xi cuando parroquia, linaje y topónimo se mezclan hasta acuñarse la denominación de Sant Andreu de Palomar.

A lo largo de la Edad Media se desarrolló el núcleo que mantendría su fisonomía rural sin grandes transformaciones hasta el proceso de industrialización del siglo xix. El pequeño casco urbano se concentró alrededor de la iglesia de Sant Andreu y el Camí Ral, esto es, la Via Romana cuyo recorrido corresponde al actual Carrer Gran de Sant Andreu. El trazado de la actual calle de Pons i Gallarza, por otra parte, era un camino que conectaba con el núcleo vecino de Santa Eulàlia de Vilapicina, parroquia sufragánea de la de Sant Andreu. Y el resto del territorio era un paisaje rural formado por masías y explotaciones agrarias.

Durante la primera mitad del siglo xix, la población de Sant Andreu crece ostensiblemente. Es en esta época cuando aparecen los primeros planes urbanísticos programados y lo que todavía sería más relevante para el municipio: su intensivo proceso de industrialización. La primera fábrica de Sant Andreu fue el Vapor de Fil, instalada por Ferran Puig en 1839. Veintidós años después, en 1961, ya había cerca de treinta licencias de actividades industriales y el crecimiento no se detuvo hasta la década de 1900. La industria textil —especialmente de algodón y lino— fue la dominante, aunque también se instalaron harineras, jaboneras y almidoneras, entre otras fábricas. Y por encima de todas ellas destacó el conjunto fabril Filatures de Fabra i Coats que, en su condición de segunda empresa de hiladuras de Barcelona, acabó por levantar prácticamente una colonia obrera en medio del municipio. Hoy el centro cultural Can Fabra conserva los únicos vestigios de la antigua fábrica que fuera propiedad de la familia Fabra i Puig.

En paralelo al desarrollo industrial, Sant Andreu creció urbanísticamente. En esta época proliferaron las viviendas en el núcleo tradicional y mejoraron las comunicaciones gracias a a la línea ferroviaria de Granollers (1862). En 1839 se inauguró el nuevo cementerio —hoy perteneciente al barrio de Porta, distrito de Nou Barris—, en 1842 se levantó el ayuntamiento, en 1870 se edificó la nueva y monumental iglesia de Sant Andreu y en 1890 se inauguró el Passeig de Santa Eulàlia, actual Rambla de Sant Andreu. 

Sant Andreu pasó a formar parte de Barcelona en 1897 y con ello viviría otra renovación urbana auspiciada por obras de mayor escala. A pesar de ello, el siglo xx no sumergió al núcleo antiguo de Sant Andreu en la fiebre constructiva y especultiva que, especialmente en los años del franquismo, sí afectó a barrios colindantes, como los de Nou Barris o la Verneda. Al observar la trama urbana del arrabal, se hace evidente el predominio del casco histórico y su tejido irregular. Sólo el trazado rectilíneo de la Casa Bloc (1932-1936) y del Passeig de Torres i Bages desvelan dos de las grandes intervenciones posteriores a la época de la industrialización.

Ello no significa, sin embargo, que Sant Andreu no fuera víctima del abandono por parte de la administración franquista y más si se tiene en cuenta que históricamente siempre fue un barrio obrero, republicano y tremendamente activista. En la década de 1970 el carácter rebelde de Sant Andreu se canalizó a través de su potente asociación vecinal y poco a poco los vecinos lograron importantes mejoras no exentas de polémica. Fue también en esta época cuando la regresión industrial ya estaba en un punto de no retorno, materializándose con la sustitución de los edificios fabriles por servicios y equipamientos.

Hoy los andreuencs disfrutan de su pequeño pueblo al tiempo que se mantienen expectantes ante el macroproyecto de la estación intermodal del tren de alta velocidad, que ha de consolidar su desolado trazado ferroviario para convertirlo en una gran zona verde. 


[+] Teaser de un documental sobre la Casa Bloc.