Horta

Durante la época de mayor expansión y antes de ser agregada a Barcelona en 1904, Horta formaba parte de un gran valle y de un único municipio que incluía los actuales barrios de la Vall d'Hebron (Sant Genís dels Agudells, Montbau, la Teixonera y el Parc de la Vall d'Hebron), algunos barrios del distrito de Gràcia (Penitents, Vallcarca y el Coll), el territorio del Carmel y, naturalmente, la propia Horta, cuyo nombre completo era Sant Joan d'Horta.

De todo este extenso territorio, el núcleo de Sant Joan d'Horta fue el que más se desarrolló y, como ocurre en casi todos los barrios históricos de Barcelona, debe sus orígenes al asentamiento de población alrededor de un centro religioso. Así, en el siglo xi la familia Horta construyó en su finca una capilla particular que dedicó a San Juan. Amparado por la nobleza militar, el lugar de culto y la fortificación en la que estaba integrado atrajeron población y propiciaron, a lo largo de toda la Edad Media, el desarrollo urbano de esta parte del valle de Horta.

Sin embargo, no fue hasta los siglos xviii y xix, cuando Sant Joan d'Horta despuntó respecto a los otros núcleos de poblamiento del valle. El primer paso lo dio cuando, aprovechando la riqueza de los recursos hidráulicos de la zona, la pequeña parroquia de Sant Joan empezó a trabajar en la lavandería y el curtido de pieles, actividades económicas en las que acabó por especializarse. Posteriormente, ya en la década de 1860, la epidemia de la fiebre amarilla acechó a Barcelona y Horta se convirtió en destino vacacional de la pequeña burguesia que huía de la ciudad vieja. En 1861, en la histórica finca de los Horta —perteneciente ya a la familia Cortada y conocida como Can Cortada— se urbanizaron algunas parcelas para promover colonias de veraneo. La vieja Rambla de Cortada —hoy calle Campoamor— se convirtió en el eje de la primera ciudad-jardín y en sus alrededores proliferan las villas modernistas, noucentistas y de otros estilos en boga. Entre las décadas de 1860 y 1930, el crecimiento de Sant Joan d'Horta fue tan intensivo que la fisonomía del barrio —tanto en el ensanche superior como en la Font d'en Fargas— se definió entonces casi en su totalidad. Más adelante, ya en época franquista, algunas edificaciones serían sustituidas por nuevas construcciones, pero hoy el conjunto de Horta mantiene un aire decimonónico prácticamente intacto y sin parangón en toda Barcelona.