Guinardó

Hasta finales del siglo XIX, gran parte del territorio que hoy se conoce como Guinardó era el denominado barrio de la Muntanya del desaparecido municipio de Sant Martí de Provençals. La antigua localidad, que fue agregada a la ciudad de Barcelona en 1897, comprendía el núcleo de la parroquia de Sant Martí (hoy la Verneda) y su sagrado (la actual Sagrera), la zona industrial del Poblenou y el Clot, y el territorio que hoy ocupan los barrios de Fort Pienc, Sagrada Familia y el Camp de l'Arpa. La ladera de los montes del Carmel y de Rovira también formaba parte de Sant Martí y, por su orografía montañosa, era conocida por sus habitantes como el barrio de la Muntanya. Estaba poblada de campos de cultivo y masías como las de Can Baró, Mas Guinardó, Mas Viladomat, Can Sors (hoy Can Mascaró) o Torre Garcini.

A mitad del siglo XIX, por iniciativa de los propietarios de las fincas rurales, se iniciaron discretamente los proyectos de parcelación y urbanización de algunos terrenos del barrio de la Muntanya. La urbanización masiva arrancó, sin embargo, a finales de siglo, cuando Salvador Riera i Giralt compró las fincas del Mas Guinardó y el Mas Viladomat en 1894 y 1896 respectivamente y promovió un proyecto de urbanización conjunta. La operación fue sospechosamente realizada un año antes de la agregación de Sant Martí a Barcelona y ya no hubo vuelta atrás. Pocos años después, masías como las de Can Baró y Can Sors seguirían el mismo destino, pero el gran disparo de salida había sido el plan de parcelación del Mas Guinardó y, de hecho, fue el que acabó por dar nombre a todo el barrio.

Estas primeras promociones tenían ciertas pretensiones y acabaron por configurar una zona residencial donde, en un paisaje formado por viejas masías, pequeños conjuntos de viviendas, casitas pequeñoburguesas y grandes mansiones residenciales, convivían los campesinos, los menestrales y los granjeros con veraneantes y rentistas.

A partir de 1950, sin embargo, se inició una segunda etapa promotora que olvidó cualquier aspiración que no fuera la de la fiebre de la construcción. La apremiante necesidad de viviendas de la posguerra, acuciada por la ola inmigratoria que vivió Cataluña, afectó también al Guinardó, donde nacieron algunos poblados de barracas, las antiguas casitas crecieron en altura, hasta alcanzar los cinco o seis pisos y, finalmente, se llevaron a cabo nuevas promociones de bloques compactos de pisos. Fue entonces cuando el Guinardó se densificó y configuró su actual aire de barrio popular.