Barri Gòtic

Overview

Mapa

Descripción

Compras

El Barri Gòtic es el centro histórico, político, comercial y turístico de Barcelona. Corresponde al núcleo primitivo romano de la ciudad de Barcelona más algunas de las viles noves o nuevos burgos que crecieron a su alrededor durante la Edad Media, pero actualmente parece como si nadie viviera ya en este territorio y las casas hubieran sido definitivamente desplazadas por instituciones, monumentos, museos, grandes oficinas públicas y privadas, cadenas de moda, bares y restaurantes. En realidad, la denominación «Barri Gòtic» es artificiosa y turística. No son tantos los monumentos genuinamente góticos de esta parte de la ciudad, pero el nombre ha triunfado hasta imponerse como denominación administrativa de todo el conjunto y sobre todo como apodo popular del sector central del barrio.

La Rambla, la Plaça de Catalunya, la calle Fontanella, la Via Laietana y el Passeig de Colom dibujan los límites del Barri Gòtic y, aunque algunos de sus antiguos núcleos medievales todavía son identificables, hoy en día el conjunto puede dividirse en cuatro grandes sectores: la parta alta, que corresponde a la zona del Portal de l'Àngel y el Pi, y es sobre todo un núcleo comercial; la parte central, que corresponde a dos cuadrantes de la primitiva Barcino y aglutina las instituciones políticas y algunos de los monumentos más importantes de la ciudad; la parte baja, que constituye el sector más anónimo y residencial del barrio; y, finalmente, la fachada marítima y el Port Vell, una zona más vinculada al mar que a tierra.

Fachada principal de la Catedral de Barcelona.
Fachada principal de la Catedral de Barcelona. 
Turistas y restos de la muralla romana y medieval.
Turistas y restos de la muralla romana y medieval. 
El Portal de l'Àngel, una de las calles más comerciales de la ciudad.
El Portal de l'Àngel, una de las calles más comerciales de la ciudad. 
El Museu Frederic Marès, en la Plaça de Sant Iu, junto a la Catedral.
El Museu Frederic Marès, en la Plaça de Sant Iu, junto a la Catedral. 

  La parte alta: la zona del Portal de l'Àngel y el Pi

Cuando en el siglo XIII Barcelona era una ciudad fortificada, uno de los portales por los que se abría la muralla era la Porta dels Orbs, posteriormente bautizada como Portal de l’Àngel. Alrededor de esta entrada se abría una pequeña explanada donde se reunían pobres, pordioseros y las alcahuetas que vivían en las chabolas de la zona. En este punto daba comienzo también un camino que conducía a las afueras de la ciudad.

Desaparecidos la muralla y el portal, hoy es la Avinguda del Portal de l’Àngel el único vestigio que recuerda la explanada y el camino de salida de la ciudad. Pero lejos queda ya su aspecto arrabalero medieval. Actualmente es una amplia y bella calle peatonal totalmente rendida a las macrocadenas de moda como Zara, Bershka, Stradivarius, Benetton, Massimo Dutti o El Corte Inglés. Cada día grandes masas de gente hormiguean por la avenida para saciar sus ansias consumistas y no en vano el Portal de l’Àngel salta periódicamente a las noticias por ser la calle más cara de la ciudad para alquilar un local comercial.

Pero la oferta de tiendas no se reduce al Portal y esta gran avenida se ha convertido, en realidad, en el eje principal de una tupida red de calles y callejuelas que conforma una de las zonas de shopping más importantes de Barcelona. Así, las calles Santa Anna, Comtal, Canuda, Cucurulla, Portaferrissa y sus pequeños afluentes cuentan también con una potentísima oferta comercial. Algunos de los clásicos de este sector son la panaderia Montserratina (Dirección Santa Anna 39, Dirección Comtal 15), la papelería Raima (Dirección Comtal 27), la mercería Santa Ana (Dirección Avinguda del Portal de l’Àngel 26), la librería de ocasión Canuda (Dirección Canuda 4) y las galerías comerciales disfrazadas de mercadillo el Camello (Dirección Portaferrissa 17). Tampoco faltan los nombres imprescindibles de la moda de bajo coste como la sueca H&M (Dirección Portaferrissa 16, Dirección Avinguda del Portal de l’Àngel 20-22), Mango (Dirección Avinguda del Portal de l’Àngel 7), Zara (Avinguda del Portal de l’Àngel 32-34) o Pull & Bear (Avinguda del Portal de l’Àngel 42).

Pero al margen de la inacabable lista de tiendas de la zona, este sector del Barri Gòtic cuenta también con algunos enclaves fundamentales en el paisaje de la ciudad. En primer lugar, el Ateneu Barcelonès (Dirección Canuda 6), asociación científica y literaria fundada en 1907 que, pese a su irremediable anacronismo, trata de renovar su espíritu para captar nuevos socios y ampliar su presencia en la vida social barcelonesa. Estudiosos jubilados, jóvenes investigadores y algunos universitarios disfrutan de su histórica biblioteca, el bar y el jardín romántico de su interior. Es un auténtico remanso de paz en medio del bullicio turístico y comercial del barrio. El ateneo se encuentra pegado a la Plaça de la Vila de Madrid, famosa por la necróplis romana que apareció en su subsuelo.

Els Quatre Gats (Dirección Montsió 3 bis), la antigua taberna que hasta 1903 acogió las reuniones de artistas modernistas como Ramon Casas y Santiago Rusiñol, forma parte también del Barri Gòtic. Lejos queda ya, sin embargo, su ambiente bohemio de finales del siglo XIX, y hoy no es más que un escenario de cartón piedra que los turistas más aplicados se ven forzados a visitar.

Dentro de la zona del Portal de l’Àngel, la antigua vila nova del Pi constituye un espacio singular. Aunque comparte el carácter comercial del Portal de l’Àngel y está unida a la calle Portaferrissa por callejuelas repletas de tiendas como Petritxol y Pi, las tres placitas que articulan este pequeño sector han logrado crear un espacio con personalidad y reminiscencias de la pequeña barriada medieval. La iglesia gótica de Santa Maria del Pi (Dirección Plaça del Pi 7) orquesta esta área y a su alrededor se sitúan las tres conocidas plazoletas: la Plaça del Pi, presidida por un pino y animada por tenderetes de alimentos elaborados artesanalmente; la Plaça de Sant Josep Oriol, con los puestos de venta ambulante de dibujos y pinturas al óleo; y la Placeta del Pi, donde destacan los bares con terraza.

  La parte central: el poder político y religioso de la ciudad

Aunque la denominación oficial de Barri Gòtic hace referencia a un territorio más amplio, cuando un barcelonés se refiere al «Gòtic» normalmente lo identifica con el centro del barrio, es decir, con el sector donde se emplazan la catedral, el ayuntamiento, la Generalitat, la Plaça del Rei y otras instituciones y enclaves históricos.

La Catedral de Barcelona, que inaugura este sector, preside uno de los espacios abiertos más populares de la ciudad. Es la Avinguda de la Catedral que, fusionada con la Plaça Nova y el Pla de la Seu, conforma una auténtica plaza pública, donde barceloneses y turistas transitan prácticamente en igualdad de condiciones. Este espacio acoge encuentros sardanistas, mercadillos de antigüedades y, en diciembre, la popular Fira de Santa Llúcia, donde se venden avetos, belenes, figuras navideñas de la tradición catalana —como el tió y el caganer— y todo tipo de adornos.

Coronando las escalinatas de este gran espacio abierto se alza la Catedral de Barcelona (Dirección Pla de la Seu 3). El templo está dedicado a la Santa Cruz y a la que fuera patrona de la ciudad, Santa Eulàlia. La construcción de la basílica gótica duró 124 años (de 1298 a 1422), pero la ostentosa fachada principal es un aplique artificial neogótico superpuesto entre 1887 y 1913 a la fachada original. El interior, estructurado en tres naves, cuenta con la cripta que cobija los restos de la mártir local Santa Eulàlia. Uno de los espacios más valorados de la catedral es el claustro, embellecido por nísperos, magnolios, palmeras y un estanque en el que se refresca la pequeña comunidad de ocas que habita el patio catedralicio. En la galería del claustro están enterradas algunas figuras de la aristocracia catalana.

En la estructura de la Iglesia Católica, Barcelona es una archidiócesis metropolitana cuya iglesia principal es la Catedral de Barcelona y cuyo actual mandatario es el arzobispo LLuís Martínez Sistach. Desde principios del siglo XIII, la residencia del principal cargo de la administración eclesiástica en Barcelona se ha emplazado en la misma ubicación, junto a la catedral, al otro lado de la actual calle del Bisbe. El Palau Episcopal (Dirección Bisbe 5), pues, funciona hoy como domicilio del arzobispo, además de alojar las oficinas de la diócesos barcelonesa.

La fachada principal de la catedral está flanqueada por otros dos edificios estrechamente vinculados al templo: el Museu Diocesà de Barcelona (Dirección Avinguda de la Catedral 4), que se asienta sobre la antigua sede de la Pia Almoina, una institución benéfica de origen medieval; y, en el lado apuesto, la Casa de l’Ardiaca (Dirección Santa Llúcia 1), esto es, una de las históricas residencias del equipo de canonjes de la catedral, cuyo edificio fue reconvertido en 1919 en el Arxiu Històric de la Ciutat de Barcelona.

Y tras la imponente fachada de la catedral barcelonesa se despliega una tupida red de callejuelas que conducen a las sedes históricas del poder secular de la ciudad. Es el meollo de la primitiva Barcino cuya muralla, en el siglo IV, recorría las actuales calles de Avinyó, Banys Nous, Palla, Tapineria, Sots-tinent Navarro, Correu Vell, Regomir y En Gignàs. Este recinto amurallado fue levantado entre los años 270 y 310 d.C. para acorazar el asentamiento que había sido fundado casi tres siglos antes, en el año 15 a.C. Restos de la fortificación —con añadidos posteriores— son todavía visibles en algunos tramos de estas calles, y especialmente llamativas son la Plaça de Ramon Berenguer el Gran y las dos imponentes torres cilíndricas que dan paso a la calle del Bisbe desde la Plaça Nova. Sus sillares, de gran tamaño, hacen 3,5 m de grosor.

En la Barcelona romana, la calle principal que se orientaba de norte a sur, esto es, el cardo maximus, pasaba por el Carrer del Call y Carrer de la Llibreteria. Por su parte, el decumanus circulaba por las calles Bisbe, Ciutat y Regomir. Y justo en el cruce de cardo y decumanus se emplazaba el forum, es decir, la plaza pública de la urbe romana. Actualmente, prácticamente superpuesta al antiguo foro, se encuentra la Plaça de Sant Jaume, que, como no podía ser de otra manera, alberga las sedes del gobierno autonómico y municipal.

Así, el gobierno catalán se asienta en el majestuoso Palau de la Generalitat de Catalunya (Dirección Plaça de Sant Jaume 4), un edificio renacentista del siglo XVI del que destaca, entre otros elementos, el popular Pati dels Tarongers (Patio de los Naranjos). Durante 23 años desde que se reinstauró la democracia, el partido centrista y nacionalista catalán Convergència i Unió —con Jordi Pujol como líder y president indiscutible— fue el único inquilino de la sede gubernamental autonómica. En 2003, tras años de pujolismo, cambiaron las tornas y ocurrió lo que parecía imposible: la Generalitat pasó a manos socialistas, con Pasqual Maragall y José Montilla como presidentes sucesivos. Hoy vuelve a estar en manos convergentes. El palacio puede visitarse el 23 de abril con motivo de la celebración del día de Sant Jordi, patrón de Cataluña.

Frente a la sede del gobierno autonómico, se halla el Ajuntament de Barcelona (Dirección Plaça de Sant Jaume 1), de cuyo edificio —mezcla de elementos que van del siglo XV al XIX— cabe destacar el Saló de Cent, esto es, la sala que acogía las reuniones de los cien consejeros del gobierno municipal. Si durante décadas la Generalitat ha sido asociada al partido de Convergència i Unió, el ayuntamiento, por el contrario, ha estado en manos del socialismo catalán prácticamente desde que se reinstauró la democracia. Pasqual Maragall, quien dirigió el consistorio municipal entre 1982 y 1997, ha sido el alcalde más venerado desde la transición democrática. Actualmente, sin embargo, el ayuntamiento está también en manos convergentes.

Pero además de albergar las sedes de los gobiernos autonómico y municipal, la Plaça de Sant Jaume es escenario de encuentros cívicos y populares como la celebración de las victorias futbolísticas del Barça, la construccion de castillos humanos durante las fiestas de la Mercé o el montaje del pesebre durante la Navidad. La plaza, por otra parte, es atravesada por el eje que describen el Carrer de Ferran y el Carrer de Jaume I y que ha desbancado totalmente en dimensiones al antiguo decumanus romano. Abierta a principios del siglo XIX, Ferran y Jaume I conforman una amplia y aireada vía comercial que atraviesa el corazón del Barri Gòtic para unir la Rambla con la Via Laietana. Si en tiempos pasados fue una arteria vital de la sociedad barcelonesa —a finales del siglo XIX, por ejemplo, la salida de misa de la Parròquia de Sant Jaume (Dirección Ferran 28) era un evento social ineludible para la burguesía de la ciudad— actualmente no es más que un eje turístico donde encontrar las propuestas más insólitas y ajenas a la vida del barcelonés de a pie, como pubs irlandeses o las inevitables tiendas de souvenirs.

La sede catedralicia se comunica con las dos sedes del poder político a través de una malla de callejuelas donde ratonear. Sant Sever, Sant Honorat, Pietat, Paradís, Brocaters o Veguer son algunos de sus nombres, aunque el Carrer del Bisbe destaca sobre todas ellas al funcionar como eje articulador. Y en medio de esta trama de origen romano y consolidación medieval, emerge discretamente el Mons Taber, esto es, el monte en cuya cima se cree que tuvo lugar el primer asentamiento romano de la ciudad. Una rueda de molino incrustada en el suelo señala el punto más elevado de la colina: 16,9 m (Dirección Paradís 10). La rueda se emplaza al pie de la puerta de entrada al Centre Excursionista de Catalunya (Dirección Paradís 10), una asociación excursionista de histórica trayectoria en cuya sede todavía hoy se conservan cuatro columnas corintias pertenecientes al templo de la urbe romana, dedicado a Augusto.

También el conjunto monumental de la Plaça del Rei forma parte del corazón del Barri Gòtic. Se trata de una pequeña y agradable plaza de fisonomía medieval delimitada por algunos de los edificios históricos más emblemáticos de Barcelona. En primer lugar, el Palau Reial Major (Dirección Plaça del Rei s/n), esto es, la que fuera la residencia barcelonesa de los condes de Barcelona y posteriormente de los reyes de la Corona de Aragón. El Saló del Tinell, una inmensa sala gótica de 33,5 m de longitud por 17 m de anchura construida en el siglo XIV y redescubierta en 1937, es una de las joyas del palacio. En ella Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla recibieron a Cristóbal Colón tras su primer viaje a América. En el siglo XVI sobre la residencia real se levantó, a modo de belvedere, una llamativa torre de cinco plantas con galerías porticadas. Y por caprichos de la historia la atalaya es conocida como el Mirador de Martí l’Humà, un rey que gobernó entre 1396 y 1410, bastante antes de su construcción. Detrás de estas piezas se despliegan nuevas edificaciones que formaron parte del conjunto palaciego y que hoy integran el Museu Frederic Marès (Dirección Plaça de Sant Iu 5-6), una rara avis entre los espacios museográficos de la ciudad, especializada en escultura y coleccionismo.

Otra de las dependencias del antiguo palacio de los monarcas catalanoaragoneses es la Capella de Santa Àgata (Dirección Plaça del Rei s/n), esto es, el oratorio palaciego que fue consagrado primero a santa María y posteriormente, en 1601, a santa Ágata. Su fachada cierra por el lado de Besós la Plaça del Rei. En 1549, en el lado opuesto de la plaza, se levantó el Palau del Lloctinent (Dirección Comtes 2), es decir, la residencia del virrey. Hoy funciona como una de las sedes del archivo histórico de la Corona de Aragón.

Y bajo este legado medieval y renacentista se despliega la ciudad romana, cuyos restos han sido excavados bajo el subsuelo de la Plaça del Rei y del Carrer dels Comtes. El conjunto monumental de la plaza —tanto las dependencias palaciegas como los restos romanos— es visitable a través del Museu d’Història de la Ciutat (Dirección Plaça del Rei 7-9).

El centro del Barri Gòtic está también conformado por un pequeño conjunto de callejuelas que, durante la Edad Media, integraban el principal barrio judío de la ciudad. Es el denominado Call, delimitado por las actuales calles de la Baixada de Santa Eulàlia, Sant Sever, Sant Honorat, Call y Banys Nous. La principal arteria comercial de la judería era el Carrer del Call, hoy repleto de tiendas especializadas en bisutería y marroquinería. Aunque fuera de los límites estrictos del barrio judío medieval, en esta zona destaca también la diminuta Plaça de Sant Felip Neri, un rincón calificado hasta la saciedad como imprescindible y necesario. Es especialmente conocida por las huellas todavía visibles en las fachadas de la metralla de una bomba explosionada durante la Guerra Civil Española.

  La parte baja: la Plaça Reial, la Mercè y el sur de la primitiva Barcino

El Carrer d’Avinyó centraliza y articula la parte baja del Barri Gòtic. Partiendo de la calle Ferran, sigue el recorrido de la antigua muralla romana hasta desembocar en el Carrer Ample. Actualmente Avinyó es un emergente eje comercial repleto de pequeñas tiendas de moda, complementos y objetos de diseño. Destaca, por ejemplo, el taller y tienda de alpargatas, que funciona desde la década de 1940, La Manual Alpargatera (Dirección Avinyó 7).

Avinyó se airea en la pequeña Plaça de la Verònica, presidida por el Borsí (Dirección Plaça de la Verònica 2). Este edificio, levantado en 1883 como Casino Mercantil, ha acogido a los estudiantes de ilustración de la escuela superior de diseño y arte Llotja, aunque hoy está abandonado. A falta de una Bolsa oficial de Barcelona, desde 1890 hasta 1915 el Borsí funcionó como el centro de contratación de valores de la capital catalana. Posteriormente, al finalizar la Guerra Civil Española, el edificio se convirtió en la Escuela de Bellas Artes y, a partir de la década de 1960, acogió la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos Llotja. La pomposa arquitectura del Borsí ilustra la trayectoria de este sector de la ciudad, que se puso de moda durante el siglo XVIII y acogió, a principios del siglo XIX, casas distinguidas para la alta sociedad barcelonesa.

Pero además de eje vertebrador, el Carrer d’Avinyó funciona como línea divisoria entre la parte izquierda y la parte derecha del Gótico sur. A su izquierda se despliega, en primer lugar, la zona de la Plaça Reial y el barrio dieciochesco de la Mercè. La Plaça Reial, construida en 1848 sobre el solar del antiguo convento de los capuchinos, es un bello espacio porticado, salpicado de palmeras, farolas y una típica fuente decimonónica. Pero lejos queda ya el ambiente burgués con el que nació. Hoy transpira un aire decadente y popular en el que turistas, mendigos y noctámbulos se encuentran como pez en el agua. Los primeros aguantan estoicamente las largas colas que se forman para comer en el restaurante Les Quinze Nits (Dirección Plaça Reial 6) o engullen las paellas prefabricadas de los demás restaurantes de la plaza; los segundos se refrescan en la fuente y se aposentan bajo la sombra de las palmeras y los porches; finalmente, los trasnochadores acuden a algunos de los locales míticos de la plaza, como el bar Glaciar (Dirección Plaça Reial 3), la sala de jazz Jamboree (Dirección Plaça Reial 17), el tablao flamenco Los Tarantos (Dirección Plaça Reial 17), la sala de conciertos Sidecar (Dirección Plaça Reial 7) o la discoteca Karma (Dirección Plaça Reial 10).

La misma atmósfera se respira en el Carrer dels Escudellers, una calle contigua que desemboca en la Plaça de George Orwell, popularmente conocida como la Plaça del Tripi. Es probable que el apodo de este espacio triangular lo haya inspirado la alucinógena escultura que lo preside. En cualquier caso, una variopinta mezcla de tribus urbanas —okupas, punks, rastas, modernos— ha adoptado como su espacio natural la Plaça del Tripi y los bares que la amenizan.

Bajo este decadente nodo y encarada a las Ramblas, se encuentra la famosa escuela de diseño Elisava (Dirección Rambla 30-32), que han dotado al sector de un renovador ambiente estudiantil. Y bajo la calle Escudellers se despliega la zona de la Mercè, una área eminentemente residencial que entre los siglos XVIII y XIX vivió su época de apogeo, y que hoy se debate entre la grandeza de antaño y el deterioro provocado por años de abandono y dejadez. El eje formado por las calles Anselm Clavé y Ample constituye la principal arteria del sector, y la Plaça de la Mercè, su principal espacio abierto. La Basílica de la Mercè (Dirección Plaça de la Mercè 1) fue levantada en 1775 y, casi cien años después, la Mare de Déu de la Mercè desbancó a Santa Eulàlia como patrona de Barcelona. La iglesia dieciochesca es testigo, pues, de numerosos acontecimientos festivos, como la celebración de las victorias del Futbol Club Barcelona, cuando los jugadores acuden al templo a dedicar sus trofeos a la patrona de la ciudad. En la misma plaza que acoge la basílica, se asienta el rectorado de la Universitat Pompeu Fabra (Dirección Plaça de la Mercè 10-12).

Las incursiones en esta parte del Barri Gòtic son obligatorias para todos los ciudadanos a la hora de realizar cualquier trámite relacionado con nacimientos, matrimonios y defunciones: aquí es donde se encuentra el Registro Civil de Barcelona (Dirección Plaça del Duc de Medinaceli 2).

El pasado señorial de la Mercè, finalmente, es rememorado por palacios neoclásicos como el Palau Larrard (Dirección Ample 28) y el Palau Mornau (Dirección Ample 35). También se mantienen algunas edificaciones de las instituciones financieras que durante la segunda mitad del siglo XIX se asentaron en la zona. Así, el actual Museu de la Cera (Dirección Passatge de la Banca 7) se emplaza sobre un espectacular edificio convexo, diseñado en 1882 por Elies Rogent, que estaba destinado a ser la sede del Crèdit Mutu Fabril i Mercantil. Despojada del ambiente burgués de antaño, actualmente, sin embargo, la Mercè es un sector residencial popular especialmente animado por las noches gracias a sus restaurantes y bares de copas.

Y si el lado izquierdo del Carrer d’Avinyó brinda un patrimonio eminentemente moderno incrustado en una trama de origen medieval, en el lado derecho de esta calle reaparecen con toda su plenitud la urbe medieval y el sustrato romano. Así, a la derecha de Avinyó, bajo la Plaça de Sant Jaume, se despliegan los dos cuadrantes inferiores de la antigua Barcino romana. Las calles Ciutat y Regomir articulan la vida de este sector, dotándole de los comercios básicos de barrio y vertebrando el despliegue de su red de callejuelas.

Al abrigo de la parte trasera del ayuntamiento se abre la Plaça de Sant Miquel, un amplio y agradable espacio abierto, de nuevo cuño, que cuenta con restaurantes y un parque infantil. La moderna fisonomía de este espacio contrasta con el aire histórico de la pequeña Plaça de Sant Just i Pastor, ubicada muy próxima y cercada por la iglesia gótica dedicada a los santos Justo y Pastor (Dirección Rera Sant Just 1) y por caserones del siglo XVIII. El popular restaurante Cafè de l’Acadèmia (Dirección Lledó 1) anima con su terraza el ambiente de la placita.

De Sant Just i Pastor parte la callejuela del Bisbe Caçador, una vía sin salida que conduce al palacio privado más grande que tuvo la Barcelona medieval. Perteneció a la condesa de Palamós y actualmente acoge la sede de la Reial Acadèmia de les Bones Lletres (Dirección Bisbe Caçador 3), una institución tricentenaria que, nacida en 1700 originariamente bajo el nombre de Acadèmia Desconfiada, se dedica al estudio, la formación y la divulgación de la historia, la filosofía y la literatura, especialmente del ámbito catalán. Grandes figuras del mundo académico autóctono, como el filólogo Martí de Riquer o el jurista Josep Maria Font i Rius, se han vinculado a la corporación.

El Carrer de Lledó, el Carrer dels Templers, el Carrer de Ataúlf o la diminuta placita octogonal de Milans son algunos de los topónimos asociados a este sector del Barri Gòtic. Y de entre todos ellos destaca la calle Lledó, que bajo su pátina de decadencia y deterioro, cobija un pequeño patrimonio de palacetes antiguos que van del siglo XIV al XVIII. El callejón sin salida de Sant Simplici conduce al espacio conocido como Pati d’En Llimona, un patio envuelto también por diveros caserones. Uno de ellos —que fue adquirido en 1779 por Tomàs Llimona— ha sido reconvertido en el Centre Cívic Pati Llimona (Dirección Regomir 3), el conocido equipamiento municipal que desde 1991 ha intensificado la vida cultural y cívica de la parte baja del Barri Gòtic. Desde la calle Regomir son visibles las ruinas romanas que aparecieron durante las obras de rehabilitación del Pati Llimona.

Finalmente, a caballo entre el entramado medieval del barrio y el amplio y rectilíneo trazado de la Via Laietana, se levanta el imponente edificio de Correos de España (Dirección Plaça d’Antonio López 1), una obra noucentista de 1927 que, como los edificios homólogos de las demás ciudades de España, se erige como símbolo del Estado. Enviar una ligera carta de papel bajo el monumental techo de este Palacio de las Comunicaciones constituye una experiencia, cuanto menos, chocante.

  La fachada marítima y el Port Vell

El extremo meridional del Barri Gòtic se abre al Passeig de Colom, que constituye el tramo central de la fachada marítima de la ciudad y que enlaza, a su izquierda, con la parte baja del barrio del Raval y, a su derecha, con la parte baja de la Ribera. El Passeig de Colom es un majestuoso bulevar más transitado, sin embargo, por el tráfico rodado que por los peatones. Como emblemático punto de partida cuenta con el Portal de la Pau, la plaza circular donde mueren las Ramblas y cuyo nombre hace referencia a una de las puertas de la ciudad cuando ésta tenía murallas. Esta plaza es popularmente conocida como Plaza Colón ya que en ella se levanta la prominente columna, de hierro fundido y 50 m de altura, coronada por la estatua de Cristóbal Colón. El célebre monumento —levantado en 1886, cuando años atrás París había puesto de moda las columnas de hierro como símbolo del progresismo— conmemora la primera parada de Colón tras su viaje a América, que tuvo lugar en Barcelona. Casi en el centro del paseo se emplaza la Capitania General (Dirección Passeig de Colom 14), un antiguo convento mercenario del que se conserva el claustro del siglo XVII y que hoy acoge la Inspección General del Ejército español. El último tramo del paseo antes de llegar a la Via Laietana es animado por bares con terraza de los que son especialmente asiduos los turistas.

En paralelo al Passeig de Colom discurre el Moll de la Fusta, un muelle diáfano y arbolado que, pegado a tierra, da paso al Port Vell. El andén del Moll de la Fusta —oficialmente denominado Moll de Bosch i Alsina y antes ocupado por los almacenes portuarios— constituye un agradable paseo sólo interrumpido por el pomposo edificio de la Autoritat Portuària de Barcelona (Dirección Portal de la Pau 6), levantado como embarcadero de viajeros en 1907. La famosas Golondrinas parten muy cerca de esta antigua estación marítima (Dirección Portal de la Pau s/n): son las emblemáticas y decadentes embarcaciones de paseo que desde 1888 ofrecen excursiones marítimas para divisar la ciudad desde el Mediterráneo.

Y frente al Moll de la Fusta se abre el Port Vell, el espacio portuario de más larga trayectoria histórica de la ciudad y que, a diferencia de los demás sectores del Port de Barcelona, se ha despojado totalmente de las funciones de transporte de mercaderías para dedicarse de lleno al ocio y el recreo. Tres brazos de tierra —uno lateral, uno interior y otro que dibuja el margen superior del barrio de la Barceloneta— conforman la estructura del puerto. Y sobre ellos se reparten sus numerosos muelles, algunos tan conocidos como el Moll d’Espanya, el Moll de la Barceloneta o el Moll dels Pescadors.

La bocana más interior fue alambrada en 1994 por la Rambla de Mar, una pasarela flotante de madera que que conecta las Ramblas con el Moll d’Espanya, brindándole a los paseantes un acceso alternativo a este muelle que, por otro lado, acoge la mayor parte de los archiconocidos equipamientos del Port Vell: el centro comercial Maremàgnum (Dirección Moll d’Espanya 5), la sala de cine tridimensional Imax Port Vell (Dirección Moll d’Espanya 1), el zoo de animales acuáticos Aquàrium (Dirección Moll d’Espanya s/n) y dos centros deportivos centenarios, el Reial Club Nàutic de Barcelona (Dirección Moll d’Espanya 2-3) y el Reial Club Marítim de Barcelona (Dirección Moll d’Espanya 4).

La escollera exterior del Por Vell, que administrativamente pertenece al barrio de la Barceloneta, acoge también otros iconos del puerto histórico: las instalaciones del Club Natació Barcelona (Dirección Passeig de Joan de Borbó 93) y del Club Natació Atlètic-Barceloneta (Dirección Plaça del Mar 1), y los míticos restaurantes Barceloneta (Moll dels Pescadors Dirección Escar 22) y Torre d’Altamar (Dirección Passeig de Joan de Borbó 88), que compiten en vistas sobre el puerto, la ciudad y el mar. Recientemente ha sido rematada por el Hotel Vela (W Hotel Dirección Plaça de la Rosa dels Vents 1), que ha logrado sortear la normativa urbanística municipal para plantar en medio del puerto histórico una nueva efigie del lujo que pocos barceloneses disfrutarán.

Sobre el tercer brazo del Port Vell, que surge de la Plaça de les Drassanes y pertenece oficialmente al barrio del Raval, se despliega el Moll de Barcelona, que acoge varias estaciones marítimas y el famoso World Trade Center de Barcelona (Dirección Moll de Barcelona s/n).