Barceloneta

La Barceloneta es la síntesis perfecta entre playa y ciudad. Por eso hace las delicias de los extranjeros, por eso se le considera el nuevo Miami del Mediterráneo, y por eso ocupa el cuarto lugar en el ranking de pisos mas caros de la ciudad (después de Sarrià, Pedralbes y Sant Gervasi). Para sus vecinos de toda la vida, sin embargo, la Barceloneta es aquel humilde barrio de pescadores que en el siglo xix se industrializó y que en la actualidad ha caído bajo la amenaza del marketing municipal y la especulación inmobiliaria. Muchos de ellos temen ser desplazados de esta patria vecinal a la que popularmente han denominado Barri de l’Òstia.

En el interior del barrio se despliega la zona residencial. Es un espacio de perfecto trazado geométrico que cobija edificaciones modestas y deterioradas y un ambiente humilde y popular. El exterior de la Barceloneta, en cambio, ya ha sufrido el lavado de cara que ha convertido sus paseos, muelles y playas en aptos para los barceloneses y los turistas más pulcros.

  El interior de la Barceloneta

El interior del barrio de la Barceloneta es un entramado urbano ortogonal formado por parcelas rectangulares que describen largas calles paralelas a la línea del puerto. La red viaria resultante —que fue creada a mitad del siglo xviii por dos ingenieros militares, inspirados en las ideas de la Ilustración— es perfectamente regular y contrasta radicalmente con la laberíntica estructura medieval de los demás barrios de Ciutat Vella.

El centro neurálgico de este entramado lo constituyen la Plaça del Poeta Boscà y Plaça de la Font, un foro perfectamente rectangular que, en el centro, acoge el Mercat de la Barceloneta (Dirección Plaça de la Font 1), por lo que el sector es también conocido como Plaça del Mercat. El bullicio de la lonja de alimentación anima a diario el corazón del barrio.

Pero si algo caracteriza al paisaje interior de la Barceloneta son sus estrechas y rectilíneas calles, cuyas ventanas y balcones se acicalan con ropa tendida, persianas enrollables de cadenilla, bombonas de butano, geranios y todo tipo de objetos. En sus aceras no faltan las tiendas de primera necesidad —ultramarinos, complementos del hogar, farmacias— y, debido a su carácter costero, los tradicionales comercios de velas e instrumentos de navegación y pesca. Hoy el barrio destaca más, sin embargo, por sus bares y restaurantes marineros que por cualquier otro tipo de establecimiento. Entre los clásicos se encuentran el restaurante Can Solé (Dirección Sant Carles 4), la taberna La Cova Fumada (Dirección Baluart 56) o el bar Jai-ca (Dirección Ginebra 13), siempre repletos de gente.

El característico entramado de calles del barrio se ve también interrumpido por la pequeña Plaça de la Barceloneta, donde se erige la Església de Sant Miquel del Port (Dirección Sant Miquel 39), un templo barroco dedicado al patrón del barrio y levantado al mismo tiempo que la urbanización, entre 1753 y 1755. El marqués de la Mina, principal promotor de la Barceloneta,  fue enterrado aquí por orden del rey, aunque su mausoleo desapareció durante la Guerra Civil española. Además de las plazas, el amplio Carrer del Almirall Cervera vertebra la circulación por la Barceloneta, especialmente la del tráfico rodado que desea acceder desde el Passeig Joan de Borbó al Passeig Marítim y el Hospital del Mar.

Aunque la estructura urbanística del barrio se ha mantenido fiel a la original, la tipología de edificaciones prevista en el proyecto del siglo xviii ha sido modificada a lo largo de los años. La densificación del barrio provocada por la industrialización abrió la veda en 1838 para fragmentar las viviendas y crecer en altura. Así, las casas originales de planta y piso fueron divididas en cuatro partes dando lugar a los quarts de casa y a partir de ahí el crecimiento en altura llegó a alcanzar las cinco plantas sobre las bases originales. Los archifamosos quarts de casa, con sus 35 metros cuadrados de superficie, se han convertido en símbolo de la densificación y el deterioro de la vida en la Barceloneta.

Al margen de estas transformaciones —dilatadas en el tiempo y provocadas por una acuciante necesidad de viviendas—, más chocantes han sido las intervenciones de los últimos años en la parte alta del barrio, donde la edificación de la sede corporativa de Gas Natural (Dirección Plaça del Gas 1) ha llenado el cielo barcelonés de cristal reflectante y un juego de volúmenes prescindible y gratuito.


[+] Documental 'Barceloneta Gentil', sobre un coro de havaneras del barrio pescador barcelonés. 

  El exterior de la Barceloneta: paseos y playas

La fachada marítima de la Barceloneta está conformada por dos largos paseos: el Passeig de Joan de Borbó, que mira a los muelles del Port Vell y a tierra firme; y el Passeig Marítim de la Barceloneta, que se orienta hacia el Mediterráneo y a lo largo del cual discurren las famosas playas del barrio.

El Passeig de Joan de Borbó es un bello y singular paseo de ambiente náutico, flanqueado por restaurantes y bares marineros a un lado, y atracaderos y embarcaciones de recreo al otro. Arranca en el Palau de Mar, esto es, los antiguos almacenes generales de la zona industrial del viejo puerto que han sido rebautizados bajo el pomposo nombre de «Palacio de Mar» y reconvertidos en el Museu d'Història de Catalunya (Dirección Plaça de Pau Vila 3). El tramo que discurre en paralelo a las viviendas del barrio está repleto de restaurantes especializados en cocina marinera donde la paella, naturalmente, es uno de los platos estrella.

Pero a la altura de la playa, el Passeig de Joan de Borbó se reconvierte poco a poco en la escollera que conforma el brazo exterior del Port Vell. Desaparece entonces el bullicio de los bares y de los comercios, y aparece la tranquilidad de los muelles del puerto histórico. Las instalaciones del Club Natació Barcelona (Dirección Passeig de Joan de Borbó 93) y del centro deportivo municipal Club Natació Atlètic-Barceloneta (Dirección Plaça del Mar 1), dos clásicos de la práctica deportiva en la ciudad, se encuentran en este sector del puerto. Y también aquí se emplazan dos restaurantes que compiten por brindar las mejores vistas desde la escollera: el Barceloneta (Moll dels Pescadors Dirección Escar 22), que se orienta al puerto deportivo y a la ciudad, y el restaurante-atalaya Torre d’Altamar (Dirección Passeig de Joan de Borbó 88), que juega con ventaja al estar elevado sobre una de las torres metálicas —la de Sant Sebastià— del teleférico que une la montaña de Montjuïc con el Port Vell.

La escollera ha sido rematada recientemente por el nefasto Hotel Vela (W Hotel Dirección Plaça de la Rosa dels Vents 1), un nuevo ejemplo de la política municipal, tan manida en los últimos años, basada en salpicar el skyline barcelonés con grandes elementos que sólo colman los ya de por sí grandes egos de los arquitectos —en este caso, Ricard Bofill— y las ínfulas y los bolsillos de las grandes corporaciones empresariales.

Si el Passeig de Joan de Borbó se orienta a la ciudad, el Passeig Marítim de la Barceloneta, por el contrario, mira directamente al Mediterráneo. Aunque con dimensiones afines a una gran capital, se trata de un típico paseo marítimo donde una vía destinada a los peatones dicurre en paralelo a las playas. Así, es aquí donde se suceden las famosas y concurridas playas del barrio: la Platja de Sant Sebastià, la Platja de Sant Miquel y la Platja de la Barceloneta. En el tramo peatonal paralelo a la playa de Sant Miquel abundan los restaurantes y bares con terraza, herederos de los míticos chiringuitos de la Barceloneta, ya desaparecidos.

Muy frecuentadas en invierno y totalmente saturadas en verano, las playas de la Barceloneta son un escenario del que disfrutan desde los vecinos del barrio y de la ciudad hasta los turistas y visitantes, y lo hacen para bañarse y tomar el sol, caminar por la arena, celebrar botellones nocturnos o incluso dormir. Los vendedores ambulantes, que ofrecen desde cerveza fresca hasta bisutería, son otros de los personajes habituales. La playas están equipadas con duchas y son limpiadas a diario, pero sus aguas y su arena jamás se desprenden de aquel poso de turbiedad indisociable de una gran urbe.

Y si en un extremo del Passeig Marítim de la Barceloneta se despliega el Port Vell, en el extremo opuesto, cerca ya del vecino barrio de la Vila Olímpica, se levantan otros grandes equipamientos conocidos también en toda la ciudad. En primer lugar, el Hospital del Mar (Dirección Passeig Marítim de la Barceloneta 25-29), uno de los centros hospitalarios públicos más importantes de capital catalana. En el siglo xvi había sido un centro de cuarentena para los recién llegados de ultramar, y a principios del siglo xx funcionó como hospital de infecciosos. Hoy, además de ser el hospital de referencia para la zona de atención sanitaria del litoral de la ciudad, está asociado a la Facultad de Medicina de la Universitat Autònoma de Barcelona.

Junto al hospital se encuentra el Campus de Mar de la Universitat Pompeu Fabra que, entre otras dependencias, cuenta con la Facultad de Ciencias de la Salud y de la Vida (Dirección Doctor Aiguader 80) y el Parc de Recerca Biomèdica de Barcelona (PRBB Dirección Doctor Aiguader 88), un centro de investigación biomédica promovido por los gobiernos autonómico y municipal, en colaboración con la Universitat Pompeu Fabra, con el objetivo de convertirse en un competitivo motor de desarrollo científico y económico para Cataluña. El bello y singular edificio sobre el que se asienta —una estructura en forma de elipse y recubierta de madera— ya forma parte indisociable de la fachada marítima de la ciudad.

El largo paseo marítimo del barrio fue urbanizado en 1959 en un intento de acercar la ciudad al mar. Desde finales del siglo xix, en su extremo occidental se habían instalado los famosos chiringuitos, unos puestos de bebidas y comidas al aire libre que estaban regentados por familias de pescadores y destinados a los bañistas. El primero de estos quioscos construido en obra data de 1941 y, hasta su eliminación en la década de 1990, llegaron a ser veintidós. Asismismo, el paseo marítimo llegó a albergar seis baños de mar privados, como los Banys Orientals o los Banys de Sant Sebastià. Pero la Ley de Costas sentenció a muerte los negocios privados en el litoral y, con las obras llevadas a cabo con motivo de la celebración de los Juegos Olímpicos de 1992, los históricos chiringuitos y baños fueron clausurados, y el Passeig Marítim se alargó hasta la escollera del Port Vell aumentando así la superficie de playa para uso público. Finalmente, en el extremo oriental del paseo se encontraba, hasta su demolición en 1966, el barrio de chavolas del Somorrostro, donde nació la mítica bailaora gitana Carmen Amaya.


[+] Corto documental sobre el barrio de la Barceloneta. Realizado en el taller de documental social del Centre Cívic Pati Llimona. Barcelona 2013 

[+] Canción protesta contra el Hotel Vela.